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Anna Rufí

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ENERO 2016

Conversamos con Anna Rufí, Directora Técnica de Servicios Sociales en el Consell Comarcal d'Osona, que acumula una larga experiencia en la planificación, gestión y evaluación del área de servicios sociales y en la coordinación de la red de Servicios sociales a nivel comarcal.

¿Qué cambios se han producido en la comarca durante estos años de crisis en la demanda que las personas en riesgo de exclusión hacen a los servicios sociales?

Las ayudas más demandadas son para suministros del hogar (más del 50%) y en segundo lugar ayudas relacionadas con la infancia (libros, comedor escolar, extra-escolares, pañales,… y vivienda).

Las personas que llegan a servicios sociales fruto de haberse quedado sin trabajo y medios para acceder a lo más básico y que además han agotado los ahorros, se encuentran con que la red familiar y el soporte de su entorno ya no pueden hacer más. Este perfil de personas, aparte de ayudas puntuales, si no se les puede ofrecer calidad de atención desaparecen del servicio. Y entendiendo por calidad, una buena escucha, orientación y recursos de acompañamiento que les sean útiles y les ayuden a contener o a salir de la situación.

Hay el perfil más estructural. Estos para trabajar lo tienen más complicado que antes de la crisis y necesitan programas muy específicos de acompañamiento.

Servicios sociales no tiene la solución para el colectivo de personas que el único problema que tiene es falta de trabajo e ingresos. Es un problema de políticas sociales (renta básica, facilitar acceso a recursos básicos de subsistencia y si tienen hijos facilitar económicamente todo lo que comporta gastos escolares, ocio,…). Con este colectivo desde servicios sociales se puede trabajar contención emocional, grupos de apoyo y conectar a todas estas familias a recursos que los puedan ayudar a contener mejor la situación personal y no caer en el desánimo y desesperación.


¿Cuál ha sido la evolución y la situación actual de la demanda de alimentos en Osona?

Los alimentos, al contrario de los trabajos y de las ayudas económicas, es un recurso que abunda y sobra. Delante de esta abundancia es donde las entidades se han podido organizar para recogerlos y organizar la distribución.


En el Consell Comarcal d’Osona habéis implantado el sistema eQuàliment de gestión de alimentos solidarios, ¿cuáles son los principales beneficios que aporta?

En los lugares donde se ha implementado, eQuàliment facilita mucho la labor de los voluntarios y la gestión de los lotes. Los servicios sociales han minimizado la burocracia y liberan tiempo para otras tareas, pero aún hay mucho margen para mejorar y optimizar la distribución de los alimentos.


¿eQuàliment está teniendo los resultados esperados? ¿Cuáles son las principales barreras con las que os encontráis para conseguir una buena implantación?


La resistencia de los voluntarios, que tienden a querer hacer las cosas a su manera y no están acostumbrados a las nuevas tecnologías. Los lugares donde existen perfiles más jóvenes es más fácil. Pero sí que está probado que una vez vencida la resistencia, se vive como una ganancia.


¿Cómo definirías el momento actual por el que pasa la gestión y distribución de alimentos solidarios en Osona?

Hay una buena coordinación con las entidades. En las áreas de mejora habría el poder disponer de un stock más variado de productos y se empieza a hablar también de la reconversión de los almacenes en “supermercados” donde las personas puedan escoger los productos que se ajusten más a sus necesidades.


¿Cómo crees que evolucionará el actual modelo de distribución de alimentos solidarios?

La cuestión de los alimentos es una de las incoherencias de esta sociedad: hay más comida en circulación de la necesaria. El principal problema es la distribución del excedente, fechas de caducidad, productos que no cumplen el canon de la marca, dilemas éticos,…

La realidad es que los productos sobrantes lo son porque no se pueden poner a la venta, están a punto de caducar y no se han vendido, o no tienen buena apariencia. Pero estos productos son aptos para el consumo.

¿Hacer cadenas low cost de acceso universal? ¿Supermercados autogestionados por personas sin recursos y que de paso se pudieran trabajar habilidades para la inserción laboral?

¿Reconvertir la distribución de estos excedentes, que en lugar de voluntarios se haga de una manera más profesionalizada y se puedan crear puestos de trabajo y que los voluntarios fuesen una ayuda?

Pienso que seguro que hay una manera más lógica y coherente de hacer llegar este excedente a las familias sin recursos, y que no sea necesario hacer colas ni ir con las tarjetas de racionamiento como si fuera la post-guerra, teniendo en cuenta que se distribuye un bien sobrante que si no acaba en los contenedores.


¿Cuáles serían los principales retos de futuro de los servicios sociales municipales en la gestión de alimentos solidarios? ¿Qué rol puede jugar eQuàliment?

El reto es hacer la valoración cuantitativa y cualitativa de los bancos de alimentos y ver objetivamente si realmente están solucionando necesidades reales o simplemente son un elemento más dentro del círculo vicioso de la pobreza.

eQuàliment permite conocer exactamente el stock de alimentos y que productos hay en los almacenes, así como los perfiles de los beneficiarios y por tanto poder dirigir campañas de recogida de los productos que se necesitan. Convertirse en el programa de distribución de los alimentos-supermercados sobrantes. Siendo un programa que funciona en muchos puntos de Cataluña, puede aportar una visión muy amplia de medidas a implementar a nivel más global y no tan local.

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